In Memóriam: Serafín Moralejo

Te he sobrevivido suficiente

como para recordar desde lejos

Wislawa Szymborska

Pulula por la red, se retuitea, se feisbuquea, se comparte, un vídeo en el que algunos rostros conocidos de la farándula anglosajona homenajean a sus maestros.

Un homenaje bonito. Sin más pretensiones.

Hoy voy a hablaros de cuando estudié en Harvard (algo sorprendente teniendo en cuenta que nunca he pisado suelo americano).

En el curso 1989/1990 tuve la fortuna de recibir clases del mayor talento que ha ornado las aulas de la universidad compostelana: el profesor Serafín Moralejo. Poco tiempo después, el profesor Moralejo, se convirtió en catedrático de Historia del Arte Medieval en la Universidad de Harvard.

Serafín Moralejo fue una eminencia mundial en el estudio del arte medieval y el gran especialista en la interpretación de la escultura medieval al que se debe, entre otros hallazgos, la teoría que sostiene que el Maestro Mateo se basó en el Ordo Prophetarum (un drama lírico del siglo XII) para crear el conjunto escultórico de las columnas del Pórtico de la Gloria.

Por una de esas decisiones estructurales que hacen que los genios sirvan igual para un roto que para un descosido, de vez en cuando el profesor Moralejo, se veía obligado a impartir clases de otras materias un tanto ajenas al campo de su especialización (¡quién lo diría escuchándole!). Así, durante aquel curso, tuve (tuvimos), el privilegio de recibir formación en arte griego de la mano del profesor.

Asistir a una clase de Moralejo era como deslizarse por una montaña rusa: un sube y baja continuo que no dejaba lugar a la indiferencia ni el aburrimiento. Miniaturista exquisito, adornaba cada explicación con unos dibujos sublimes, y entroncaba el contenido de la materia con cualquier asunto de actualidad, con una erudición y un discurso magnéticos. Con el mismo entusiasmo hablaba de arte griego que de los Beatles, podía criticar el tercermundismo estético de las palmeras plantadas en la Plaza Roja de Santiago y sentenciar a continuación que el arte actual vivía en las fotografías de los futbolistas en acción, que los diarios deportivos publicaban los lunes, tras cada jornada de competición. De Fidias a Butragueño en un maravilloso escorzo verbal…

Sus clases suponían un enorme placer, tanto para los alumnos como para el propio Moralejo, que solía afirmar: “Yo debería pagar por darles clase”.

Su agudo sentido del humor imperaba sobre el aula durante cada una de las lecciones magistrales que impartía en aquella facultad. Fueron, son y serán una continua fuente de inspiración.

Antes de Moralejo, mirábamos. Con él, aprendimos a ver.

Serafín Moralejo falleció el pasado mes de agosto.

Padecía desde hacía años la enfermedad de Alzheimer que lo había apartado de la actividad docente e investigadora.

Adiós, MAESTRO.

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5 comentarios en “In Memóriam: Serafín Moralejo

  1. YO también tuve la inmensa suerte de asistir a esas clases contigo y pude disfrutar del placer de escuchar, de admirar y de poder aprender de un sabio que con toda la naturalidad del mundo depositaba en esas aulas de la facultad de Geografía e Historia todo su saber y que consiguió que entendiésemos y apreciásemos la belleza de las cosas más habituales a las más extraordinarias. Por todo ello GRACIAS PROFESOR.

  2. Gracias Nieves, cuantos recuerdos…

    En mi caso, descubrí a Serafín en marzo de 1988, cuando yo estaba estudiando segundo de facultad en Girona, vino al Simposium Internacional de Arquitectura de Catalunya. Me quedé pasmada con las preguntas que hacía a los demás conferenciantes y con su ponencia sobre el Románico Rosellonés.
    Así, que sin pensarlo demasiado, pedí cambiarme a la Compostelana para realizar el segundo ciclo, unos mil doscientos cincuenta kilómetros de mi Banyoles, sin conocer a nadie en Galicia, una hija única que se marchaba a la aventura sin que sus padres pudieran entender aquella decisión.
    En cuarto, también asistí a sus clases de Arte Griego, y cuando acabé la especialidad de Arte Antiguo y Medieval, me quedé un año más para hacer la de Museos y fui de oyente a sus clases de Doctorado.
    Tres años fantásticos, donde conocí a personas que llevaré siempre en mi corazón, como María, mi amiga coruñesa del alma, Potoli, la vasca del grupo, Inés, la dulzura, Rosa, mi compañera de habitación, que es hoy lo más parecido a una hermana, y todas esas fantásticas horas compartidas con el Maestro.
    El día que volvía a Banyoles, fui a despedirme y a darle las gracias, y me atreví a contarle que sin él, yo nunca hubiera conocido mi segunda patria, Galiza, y que mis ojos, ya no volvería a mirar como antes. Enfundado en su modestia, se sonrojó, supongo que siempre se había preguntado que hacía esa catalana perdida en Santiago.

    De nuevo mil gracias Nieves, por recordarme mis mejores años de facultad, y la persona que los hizo posibles.

    Descansa en paz, Maestro.

  3. A veces me pregunto lo que cuando doy clases de Arte intento transmitir, pero pienso en él y se me ilumina el rostro con una sonrisa recordando sus similes que me parecían imposibles de pensar: el arte griego con los deportistas…Pero tenía un discurso convincente, que sin quererlo era multidisciplinar. Sobre su calidez humana, ya han hablado mucho, si tímido, si irónico, casi siempre con una sonrisa pero manteniendo las distancias: Nunca le di las gracias, pero desde aquí mientras yo siga hablando del Arte su memoria persistira.
    Gracias por dejarme compartir casi dos años de su sabiduría, que el camino le sea leve, profesor.
    Y gracias a todos los que de alguna manera me haceis recordar esos años tan añorados.

  4. Yo tuve el enorme honor de tenerlo como profesor cuando estudiaba en Santiago de Compostela..Cursé Historia de l Arte Antiguo y Medieval ,pertenezco a la promoción 1975-1980. Serafín me dio dos asignaturas.En 4º Arte clásico,una maravilla escucharlo.En 5º de carrera me dio Arte bajo Medieval,entonces eramos muy pocos alumnos pues había la criba del Latín ,asignatura imprescindible para esa especialidad y que (como todo el mundo sabe )era un hueso en Santiago.En ambas me dio un sobresaliente pero he de decir que me fue muy sencillo aprender arte con él.Sin duda fue el mejor profesor que tuve.Me empezó a dirigir la tesina pero la abandone porque me casé y me fui de Santiago.Sentí mucho cuando me enteré de su enfermedad ¡Que pérdida tan grande!

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