El desarme

Se engalanaba la muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena ciudad de Oviedo para la celebración anual de entrega de los premios Príncipe de Asturias cuando nos dejamos caer por allí, en un otoño todavía disfrazado de verano, mientras los operarios arreglaban parterres y maquillaban aceras para hacerlas más agradables a los ojos del heredero y su séquito, y de los premiados, y de todos aquellos que por aquellos lares se encontraban para la ocasión.

Ya de entrada, y haciendo caso omiso de la temperatura ambiente, decidimos aclimatarnos al lugar degustando la tradicional fabada con su compango en uno de los restaurantes aledaños al tradicional mercado del Fontán.

Como base de operaciones elegimos el Hotel Fruela, esencialmente por su ubicación a caballo entre el casco antiguo y la zona comercial, lo que resultó ser una elección muy afortunada, sobre todo por la calidad de su restauración y por el exquisito trato del personal, que hizo nuestra estancia muy acogedora. Un hotel pequeño y coqueto, bien situado, y con unas habitaciones funcionales y adecuadas a su categoría.

Una de las excusas de la escapada era conocer el Centro Niemeyer de Avilés.

Acercarse a Avilés tiene un mucho de parecido con intentar internarse en Mordor: el humo y el fuego que escupen las chimeneas de su cinturón industrial no invitan a arriesgar la excursión, pero si uno no se deja engañar por el feo envoltorio y se atreve, se encontrará con una deliciosa villa de calles cosidas a soportales, que invita al paseo y al sosiego. Paseo que se puede ampliar cuando se descubre, agazapada tras las calles, una magnífica extensión de verde llamada Parque Ferrera.

El Centro Niemeyer es la guinda para este pastel. Envuelto actualmente en la polémica, señalado por la administración del Principado y respaldado mayoritariamente por una población en cuyos escaparates se ven colocados por doquier carteles de apoyo a la institución. Degustar un paseo por el complejo diseñado por uno de los mayores arquitectos del último siglo no tiene desperdicio. Aprovechamos la ocasión para acercarnos a la exposición de fotografías de la actriz Jessica Lange titulada “Unseen”, que recoge instantáneas realizadas en los últimos veinte años y divididas, básicamente, en dos series: “Things i see” y “Mexico-On scene”. Un rato la mar de agradable sobre todo para Irene que se recorrió gateando el suelo enmoquetado en rojo de la sala de exposiciones mientras duró la visita.

El 19 de octubre cumplía años esa que nos ha desarmado el corazón y, con tal motivo, se celebró en la ciudad de Oviedo una fiesta gastronómica en su honor: “El desarme”.

En realidad en la ciudad pensaban estar rememorando no sé qué leyenda sobre una batallita carlista en la que al parecer los habitantes de la ciudad agasajaron a las tropas invasoras con una pantagruélica comilona a base de garbanzos con espinacas y bacalao de primero, para seguir con unos callos de segundo y acabar de tupir con un arroz con leche de postre, todo ello bien regado con abundante vino, lo que en conjunto provocó la tendencia generalizada a la siesta de los invasores, circunstancia que aprovecharon los ciudadanos para desarmar a la tropa.

Bueno, sea como fuere, en honor a Irene o en recuerdo del engaño, nos atrevimos con este menú light, aunque debo confesar que no conseguí llegar al arroz con leche.

Ese día llovía en Oviedo, el otoño al fin se acordó de venir, y la excusa del mal tiempo nos permitió descubrir el Museo de Bellas Artes. Espectacular. Una colección magnífica que va desde tablas medievales a Barceló, pasando por Ribera, Goya, Zurbarán, Sorolla, Casas, Picasso, y que atesora, además, uno de los tres apostolados de El Greco (los otros dos están en Toledo). Un tesoro a descubrir, cómo tesoros son los que alberga la Cámara Santa de la Catedral por la que también nos dejamos caer.

Así, entre paseo y paseo, llegamos al viernes en el que tocaba plegar velas mientras la ciudad se preparaba para el magno evento en el Teatro Campoamor. Por allí estuvo ese caballero llamado Leonard Cohen, que con su humildad característica vino a decir que en realidad a él el camino hacia su propia voz se lo había enseñado Federico García Lorca, y el vehículo para conducirla, un anónimo guitarrista español que le mostró, en el Montreal de su niñez, los seis acordes básicos con los que ha construido la mayoría de su música. Un genio debajo de un sombrero.

Por cierto: si en alguna ocasión, al volver de Asturias hacia Galicia, os encontráis la carretera cortada debido al vuelco de la carga de un camión en una de esas zonas en la que todavía no está finiquitada la autovía, acercaros a Luarca y así tal y como fueseis enfilando hacia el puerto, según se va a mano derecha, dejaros caer, como quien no quiere la cosa por un restauante llamado “El Barómetro” y que os pongan de comer… ya me diréis.

 

 

Anuncios

3 comentarios en “El desarme

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s