Ciertas mujeres. Mujeres ciertas.

I

Lunares

Existen en la vida ciertas imágenes que se convierten en recurrentes con el paso del tiempo. Son como un pellizco que se vuelve a sentir en otros momentos, en otros lugares. Tal vez dejan una cicatriz en el humor vítreo y,  como esas hormiguillas que vemos al cerrar los párpados tras una exposición larga al sol, nos entretienen las meninges de manera intermitente.

A mí me sucede con unos lunares. Unos lunares atisbados en un paseo por una Sevilla cubierta de un cielo gris plomizo, una Sevilla de extraña tristeza, de la mano de Marta, en las cercanías de la Maestranza.

Los lunares se los iba infringiendo, sobre un vestido blanco inmaculado, la protagonista de una performance, una video instalación en las Reales Atarazanas. Se castigaba el cuerpo haciendo que manase la sangre y se fuese empapando de la misma, imitando a los lunares de los faralaes, el vestido que lucía. Puntos rojos sobre fondo blanco. Algo magnético.

Arrastraba la vista como ese viento que trae el humo de los volcanes.

II

Baduista

La película Zapruder lo muestra sin tapujos: Bang!!! Bang!!! La cabeza de John Kennedy hecha añicos, Jackie intentando escapar de las manos de la muerte, Plaza Dealey, Dallas, 22 de noviembre de 1963.

Erykah Badu, alma en estado puro, se sirve de este escenario, la plaza Dealey de su Dallas natal, para realizar una performance extraordinaria. En el video de la canción “Window seat” la Badu se desnuda literalmente, en cuerpo y alma, exponiendo sin tapujos su verdad y dejando al descubierto (no hay más que ver la retahíla de reacciones), toda la hipocresía de la sociedad estadounidense, sus miserias y sus pecados, las vergüenzas de la nación más poderosa de la tierra. Se asustan más de ver un pezón o un trasero que de la sangre derramada en sus múltiples escarceos por el mundo, aunque sea la ajena.

Se agradece que, de vez en cuando, alguien como Miss Badu, se vista de francotiradora y nos pegue un tiro, sin gastar en balas, con la única y poderosa razón de una voz y un cuerpo. Algo necesariamente explícito.

Todavía estoy sangrando.

III

Suite francesa

¡Cuanto talento! Irène Némirovsky en mi corazón para siempre.

Narrar en tiempo real la tragedia de una guerra, las cobardías, las miserias, la vida que no cesa a la sombra de las armas, el amor, el odio…y todo esto en la piel de una judía de origen ruso, en el día a día tenebroso de la Francia de Vichy, que acabó en doportación y asesinato en Auschwitz.

De lo que quedó esbozado y concluido por Irène, se alimenta este libro, que comprende en sus apéndices la odisea vital de los últimos meses de la familia Epstein (apellido de su marido también asesinado en Auschwitz). El manuscrito, milagrosamente preservados por sus hijas, es el mejor testamento que nos pudo llegar del virtuosismo literario de la Némirovsky.

Abrumador.

IV

Gainsbourg (Charlotte)

No sé como se siente uno cuando está cerca de la muerte. Charlotte lo estuvo y renació como el fénix. En Anticristo, de Lars Von Trier, deja una actuación tan demoledora, de tal entrega, que al margen de las reacciones que provoca la propia película (o más concretamente, de las reacciones que provoca su director en la crítica cinematográfica, lo que daría para un buen aparte), tanto lo suyo, como lo de Willem Dafoe, sólo puedo calificarlo de excepcional con mayúsculas.

Advertencia: esta película no es apta para todos los públicos (y no me refiero a un tema de edad).

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