Pois, Oeste (Viaje a Portugal, y 3)

Los árabes lo llamaron al-Garb al-Andalus (el oeste de Al-Ándalus), la tierra por donde se pone el sol. Hoy el sol es, sin ninguna duda, su mayor reclamo.

_MG_9939El Algarve se ofrece al Atlántico desde la desembocadura del Guadiana hasta el Cabo de San Vicente. Unas costas plagadas de playas paradisíacas, acantilados espectaculares, y repletos de cuevas y grutas abiertas en la roca caliza, extraordinarias filigranas de piedra.

Sobresalen los de A Ponta da Piedade en Lagos, a los que se puede acceder en barcas que se alquilan en el canal de acceso al club náutico. El precio se negocia en los puestos que se sitúan en las orillas del canal, donde los distintos vendedores llamarán vuestra atención para mostraros las diferentes embarcaciones que ofertan. _MG_9951

Un paseo de unas dos horas, con un recorrido en el que la barca os conducirá por el medio de las grutas y formaciones rocosas que salpican este tramo de costa os costará, aproximadamente, unos 10 euros por cabeza. Nuestro barca se llamaba “O barco do amor II”. La timoneaba un viejo marinero, seguramente ya jubilado, que iba explicándonos, a medida que avanzábamos, los nombres de las diferentes calas que nos íbamos encontrando y señalándonos formaciones rocosas con formas curiosas, que si un elefante, que si un dragón, que si King Kong…una delicia de paseo, acariciados por el sol y acunados por el mar.

El Cabo de San Vicente marca el Finisterre portugués, el último pellizco de tierra que los marineros veían antes de adentrarse en el océano. Al lado del faro los acantilados alcanzan alturas de vértigo. Pespuntando la costa hacia Sagres nos vamos encontrando con playas paradisíacas. El Sagres de la primera mitad del siglo XV se convirtió en el núcleo de la expansión marítima portuguesa, recibiendo estudiosos y navegantes de todas las nacionalidades, reunidos en torno a la figura del infante Henrique o Navegador (Enrique el Navegante).

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La fortaleza, donde supuestamente se asentaba la mítica Escuela de Sagres, fue seriamente dañada por el terrremoto de 1755. La ola que provocó el Tsunami pasó por encima del cabo en el que se asienta. Ha sido reconstruida en diferentes momentos históricos desde entonces.

El resto de nuestro tiempo en el oeste, exceptuando una paradita en un super parque acuático que produjo muchas risas y no menos agujetas al día siguiente, lo pasamos zanganeando.

Os recuerdo que zanganear es lo que hacía Willy, el colega de la abeja Maya, durante todos los episodios de la serie. Al igual que él, nosotros también libamos (canecas de cerveza, caipirinhas, coco-locos…), comimos como becerros, y tomamos el sol y la sombra, dependiendo del momentum y de lo que nos pidiera el cuerpo.

Hubo siestas y hubo tiempo para la lectura. Acabamos la trilogía de Stieg Larsson, leímos “Imperium” de Robert Harris (recomendación de Miloncho) y seguimos con Fred Vargas (“El hombre de los círculos azules”). Marta se decidió por “El lado oscuro del amor” de Rafik Schami, del que dice que es una obra maestra. Lo confirmaremos este agosto, de nubes y trabajo.

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2 comentarios en “Pois, Oeste (Viaje a Portugal, y 3)

  1. Da gusto tener tiempo para leer tu relato de las vacaciones ya pasadas (lástima). Lo he disfrutado, y las fotos, también.

    Gracias, Manuel

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