Leonard Cohen. Auditorio de Castrelos, Vigo (13/08/2009)

Bajo un sombrero borsalino, un joven de casi setenta y cinco años, salta a la arena del auditorio de Castrelos. Saluda al respetable levantando el sombrero, dejando al descubierto las nieves perpetuas que coronan su cabeza. Se gana la primera ovación de la noche. Esto se repetirá en numerosas ocasiones. El público está entregado ya antes de que comience la función.

3821268976_b61535b633Entre la masa heterogénea que puebla el recinto diviso la impresión en una camiseta: “LOS FEOS SOMOS MÁS”. Asoma una sonrisa a mis labios.


Me recuerda lo que Janis Joplin le cantaba al joven del escenario, sobre una cama desecha del Hotel Chelsea, mientras las limusinas esperaban en la calle “cómo sabes prefiero a los hombres apuestos, pero contigo voy a hacer una excepción…bueno al fin y al cabo qué más da, SOMOS FEOS, PERO TENEMOS LA MÚSICA”.

Y la música empezó.


El hombre joven, de casi setenta y cinco, hincó la rodilla ante una guitarra y la invitó a que le hiciese bailar hasta el fin del amor.

Sonó todo lo que tenía que sonar. Cómo el mismo dijo: “Queridos amigos, vamos a darlo todo”.

Y así, durante tres horas, desfilaron todos los recuerdos de una vida: los partisanos, las hermanitas de la caridad, el pájaro en el alambre, las voces de aquellos que no saben decir adiós, lo que todo el mundo sabe, un vals de Lorca, una vida secreta, un aleluya…

Creía que había sido suficiente. Incluso nos despedimos de Marianne y tomamos Manhattan primero, y después, Berlín… y, de repente, el joven, guitarra en mano, inició los acordes de mi canción favorita. Una epístola sobre la amistad, el amor, la traición y el perdón: la famosa gabardina azul. Fue un regalo increíble.


No voy a detenerme aquí en la excepcional calidad de los músicos que lo arropaban. Tampoco en los tres ángeles que secundaron, con sus extraordinarias voces, la de él, la del Comandante Cohen. De ello han dado cuenta las crónicas que se pudieron leer en los distintos medios de comunicación en los días que siguieron al concierto.

Me quedo con la humildad de un poeta que agradecía a la concurrencia el que hubiesen mantenido vivo el espíritu de sus canciones. El anhelo de un hombre que deseaba la paz para aquellos que se sintiesen acompañados por la familia y los amigos, y para aquellos a los que sólo abraza la soledad. La alegría de un espíritu libre que se despedía saltando como un colegial por un escenario coronado por dos corazones que al entrelazarse formaban una estrella de David.

Definitivamente, Leonard Cohen, es nuestro hombre.


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2 comentarios en “Leonard Cohen. Auditorio de Castrelos, Vigo (13/08/2009)

  1. zzzzzzzzzzzzzzz….
    zzzzzzzzzzzzzzz….
    zzzzzzzzzzzzzzz….
    ehh! ahhh! ya acabo el concierto ? a ver si sale ahora Susan Vega que todavia tengo sueño….

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