Teruel existe (bajo la mirada de las torres)

Torre de San Martín

Su Paseo del Óvalo te enfila a las calles adornadas con esas torres esbeltas, construidas por aquellos musulmanes que se quedaron a vivir en la tierra reconquistada por los cristianos: los mudéjares. 

No son torres defensivas, no estaban emplazadas en el lienzo de la muralla, sino intramuros, y horadadas en su base para permitir el paso de la gente.

Son personajes vivos de la ciudad, son arterias, son pulso. 

La exposición constante al sol durante su proceso de construcción hizo que alguna de ellas se inclinase, como la famosa torre de Pisa, y hubo que reforzar su base para evitar males mayores. Estos girasoles de piedra reflejan en el delicado trabajo de sus incrustaciones cerámicas los rayos del astro rey, lo que hace que su aspecto mude constantemente. Están vivas. 

Vida que convive con la muerte en la de San Pedro, a cuya sombra yacen Los Amantes. Amantes con mayúscula, arrancados a la vida por el poder de un amor más allá de lo humano. 

Vida que guarda el secreto de lo que entiendo el tesoro mayúsculo de la ciudad: la Techumbre de la Catedral de Santa María de la Mediavilla. Sólo su visión merecería el tute de acercarse por esos pagos. Después de deleitarse con su contemplación palidecen los 300, los Sin City, la fábrica de superhéroes de Marvel y tanto cartoon-piedra. 

Del jamón no voy a decir ni jota, da igual lo que uno escriba, el truco está en degustarlo. 

Para finalizar Teruel, el torico, el torico y su plaza, el epicentro en el que converge la ciudad, al abrigo de los soportales y de los edificios modernistas que Pablo Monguió, arquitecto tarraconense, construyó para la burguesía local.

A tiro de piedra de Teruel no podéis dejar de acercaros a Albarracín, enredo de callejuelas de calles rojizas, colgadas del abismo en el filo de la hoz de un río.

Una visita espectacular que además podéis aderezar con una espléndida comida en el Rincón del Chorro y, para bajar la comida, con un paseo por el paraje natural protegido del pinar de Ródeno para contemplar tanto el paisaje, como las pinturas rupestres del arco levantino que alberga en su interior.

 

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2 comentarios en “Teruel existe (bajo la mirada de las torres)

  1. Buen recorrido por capitales olvidadas. Pero lo que no has dicho granuja es cuantos jamones has traído en el maletero, ni cuantos litros de aceite de Teruel…

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