Queremos tanto a Gloria

Fue al ver a nuestros prebostes, los hombres G (8), jartándose de viandas bajo el sol nipón mientras hablaban de soluciones para el hambre en el mundo, que recordé su rostro amable enredándose siempre con el humo. Ella les dejó un mensaje escrito hace ya algún tiempo: 

Yo como
Tú comes
El come
Nosotros comemos
Vosotros coméis
¡Ellos no!
 

(“Niños de Somalia” de  Mujer de verso en pecho). 

Hay imágenes que no se borran a pesar del paso de los años: Koji Kabuto aterrizando en la cabeza de Mazinger Z, Willy libando con su culo gordo aposentado mientras aguantaba la chapa de Maya que no comprendía lo del reposo del guerrero, el cabroncete de Zruspa malmetiendo a lo largo de todas las edades del hombre, Marco y Amedio (tanto monta, monta tanto), la guitarra de Torrebruno que no conseguía tapar su sonrisa, Vicky el Vikingo y la panda de zulúes con los que navegaba, y la sempiterna Gloria Fuertes rimando sencillo con esa voz como nacida en un pozo sin fondo.

 

 

Gloria, pastora de palabras ovejas nos acercaba a su rebaño, nos dejaba jugar con ellas, rimaba luna con aceituna y plata con gata, y todos entendíamos las entrañas del juego. 

Nos quedamos varados allí en sus poemas infantiles, desconociéndola en gran medida, a ella que inmolaba su talento para que nosotros la pudiésemos entender: 

Escribo como escribo,
a veces deliberadamente mal,
para que os llegue bien.
 

(De Historia de Gloria) 

Escribo sin modelo
a lo que salga,
escribo de memoria
         de repente,
escribo sobre mí,
         sobre la gente,
como un trágico juego
sin cartas solitario,
barajo los colores,
         los amores,
las urbanas personas
las violentas palabras
y en vez de echarme al odio
o a la calle,
escribo a lo que salga.
 

(“Escribo” de Historia de Gloria). 

Detrás de la Gloria que conocimos, la que guió nuestros primeros pasos en las palabras como una abuela generosa atendiendo a sus retoños, se escondía una poetisa extraordinaria, una voz profunda y descarnada, un alma que se desnudaba en cada verso (para muestra un botón): 

Nací para poeta o para muerto 

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
-supervivo de todos los naufragios-,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
 

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
-hacer reír a los clientes desahuciados-,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
 

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
-no ser apenas nada en el tablado-,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.
 

¡Qué barullo en la herida! 

¡Qué barullo en la herida!…
¡Qué suerte si esto que siento fuera sed
y se me quitara bebiendo un vaso de agua!
Es entonces cuando llueve tristeza
para ahogar en mi boca
la palabra imposible.
Intento gritar,
y sólo consigo un cobarde silencio.

Una tarde al llegar a casa
me encontré con la sorpresa de quererte,
fue una bomba en mis manos.

Y yo, por si te hiere,
esperando a que explote estando sola
aunque me parta el pecho la locura.  

Cuestiones fúnebres 

¿Quién regará mis huesos con su llanto?
¿Quién tocará mi pelo, seco y rubio?
¿Quién irá a ver caer las paletadas
sobre mi caja de tercera?
¿Quién de vosotros cantará mis líneas?
¿Quién por la noche me arderá una vela?
Quién pudiera saber con adelanto,
quién coserá mis senos entre tanto.
 

Me parece increíble que una imagen tan patética como la de la comilona de los del G-8 me hiciese recordar a Gloria Fuertes. El cerebro es un interno extraño, un inquilino que no paga mensualidad pero que hace reformas en la casa sin nuestro consentimiento. Qué extraños resortes lo conforman se escapan a nuestras entendederas (por muchos ramonescajales y severosochoas que haya, niños gigantes deshaciendo el mecano para intentar volver a montarlo).  

Parafraseando a Cortázar que proclamaba refiriéndose a la Jackson, “Queremos tanto a Glenda”, yo proclamo, porque me gusta pagar mis deudas: “Queremos tanto a Gloria”. 

A vuelapluma escribo este poema-relámpago al estilo de Gloria (¡Qué ella me perdone!), que no quiere ser más que un beso en su mejilla allá donde se encuentre.  

Un balido para Gloria 

Recuerdo a una mujer risueña

que hacía rimas sencillas

para llenar el silencio

de nuestras orejillas.

 

Una mujer enorme,

de voz aguardientosa,

que alegraba nuestros días

cual perfume de una rosa.

 

Su nombre sonaba a gloria

y sobre sus hombros, fuertes,

descansaban las sonrisas

de los niños aún sin dientes.

 

No veo en la tele hoy en día

nada que se le parezca,

¡que alguien plante su semilla

y consiga que algo crezca!

 

Para más información sobre la figura de Gloria Fuertes:http://www.gloriafuertes.org/ 

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