Desde un planeta que dejó de serlo (o eso creen)

Ryūnosuke Akutagawa el autor de Rashōmon (1915) y En el bosque (1921-2), relatos en los que se basó Akira Kurosawa para su película Rashōmon (1950), escribió antes de suicidarse el siguiente pensamiento: “una vaga inquietud”.

Existe un arte absoluto, amargo si se quiere, en la capacidad de sintetizar toda una vida en tres palabras. 

Tal vez lo que más cercano se me antoja, geográfica y sentimentalmente, sean los versos en los que Uxío Novoneyra condensó su naturaleza, la que le vio nacer y crecer, la que se le grabó a fuego lento en el recuerdo:

Courel dos tesos cumes que ollan de lonxe!

Eiquí síntese ben o pouco que é un home ….”

(“Courel de cumbres tiesas que miran de lejos!
Aquí se siente bien qué poco es un hombre…”)

Julio Cortázar escribió en su poema Bolero:

“Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte”.

Ryūnosuke Akutagawa se ahoga en su propia naturaleza interior.

Novoneyra se abruma ante la naturaleza que lo rodea.

Cortázar necesita del otro para ser.

Todos buscamos algo en la vida. Algunos nunca lo encuentran porque no saben lo que están buscando. Otros encuentran sin buscar. Los más, pretendemos que al sacar el sedal del agua, nos traiga la sorpresa de que algo hemos pillado, aunque la mayoría de las veces conseguimos los restos de un zapato o la goma de un neumático.

Yo sigo orbitando. Caronte a mi lado.

Nos queda el consuelo de que por fin es verano.

Las penas con sol y arena, son menos.

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