No hay necesidad de una meticulosa puesta en escena, de pantallas recogiendo cada gesto, ni de un sonido atronador. Sazonar con sensibilidad a flor de piel, una voz que transmita en cada segundo, una guitarra desnuda y un repertorio demoledor. Demasiado corazón.
Es indiferente que la canción la haya escrito él. Aunque no haya sido así, la canción se hace suya, se pliega a su modulación, se casa con su falsete, vuela por entre las cuerdas la voz como una cometa en el viento, ligera de equipaje, zigzagueando.
Sonaron las campanas de la Berenguela las once, y las doce, poniendo la percusión, y todos caetaneando, que no es más que otra manera de ramonear la vida y olvidar por un momento que el segundero sigue descontando y que en algún lugar existe un final…
Pero hay una forma de vivir en la que no importa el paso del tiempo…
“a Bahia tem um jeito”…
Compostela, 21 de julio de 2008.

