Archivo de Julio 2008

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Las sombras de la luz

Julio 29, 2008

Difendimi dalle forze contrarie,

la notte, nel sonno, quando non sono cosciente,

quando il mio percorso, si fa incerto.

E non abbandonarmi mai…

Non mi abbandonare mai!

(Franco Battiato, “L’ombra della luce”)

 

Defiéndeme de las fuerzas contrarias,

en el sueño nocturno cuando no soy consciente,

cuando mi camino se hace incierto.

Y no me dejes nunca màs…

No me dejes nunca más!

(Franco Battiato, “La sombra de la luz”) 

 

Una vez yo, todos nosotros, vimos la perfección.

Fue en Montreal en el verano de 1976. La perfección tenía 14 años y se llamaba Nadia, Nadia Comaneci. Hizo que millones de ojos se pegasen a los televisores para ver levitar a un ser humano, en directo, por primera vez.

Hasta los jueces de la gimnasia deportiva, esos sádicos que tienen como condición sine qua non para ejercitar la profesión su total carencia de corazón, tuvieron que rendirse ante la evidencia. Se convirtió en la primera gimnasta en conseguir un 10 en unos juegos olímpicos.

Nadia encandiló a todo el mundo y se convirtió en la pequeña gran diosa de aquel acontecimiento y en la luz que con la que su país cegó al mundo.

Nadia era rumana.

Anteayer volví a ver la perfección.

No, no me refiero a una reposición de las actuaciones de la Comaneci en Montreal, pero sí hay algún parecido: la perfección vuelve a ser rumana.

En esta ocasión se llama Anamaria, Anamaria Marinca, y hace el papel de Otilia en la película rumana 4 meses, 3 semanas, 2 días, del director y guionista Cristian Mungiu, película integrada en “un proyecto más amplio titulado Relatos de la edad de oro, una historia subjetiva del comunismo en Rumanía contada mediante su leyenda urbana. El objetivo del proyecto es hablar de aquel periodo sin hacer referencias directas al comunismo, contando diferentes historias que enfoquen opciones personales en una era de infortunio en la que la gente tuvo que vivir como si fueran tiempos normales”.

La actuación de Anamaria Marinca hace que no se puedan despegar los ojos de la pantalla, al igual que sucedía con Nadia y, si aquella volaba sobre las paralelas asimétricas como si de un ángel se tratase, esta llena de sentido un papel que no se puede digerir, una historia desgarradoramente creíble sobre unos tiempos miserables vividos en las sombras.

En las sombras de aquella luz con la que Nadia, sin pretenderlo, nos cegaba.

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Caetano Veloso (Guitarra y voz)

Julio 22, 2008

No hay necesidad de una meticulosa puesta en escena, de pantallas recogiendo cada gesto, ni de un sonido atronador. Sazonar con sensibilidad a flor de piel, una voz que transmita en cada segundo, una guitarra desnuda y un repertorio demoledor. Demasiado corazón.

Es indiferente que la canción la haya escrito él. Aunque no haya sido así, la canción se hace suya, se pliega a su modulación, se casa con su falsete, vuela por entre las cuerdas la voz como una cometa en el viento, ligera de equipaje, zigzagueando.

Sonaron las campanas de la Berenguela las once, y las doce, poniendo la percusión, y todos caetaneando, que no es más que otra manera de ramonear la vida y olvidar por un momento que el segundero sigue descontando y que en algún lugar existe un final…

Pero hay una forma de vivir en la que no importa el paso del tiempo…

“a Bahia tem um jeito”…

Compostela, 21 de julio de 2008.

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Gente rara

Julio 17, 2008
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Para el G8

Julio 14, 2008
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Queremos tanto a Gloria

Julio 11, 2008

Fue al ver a nuestros prebostes, los hombres G (8), jartándose de viandas bajo el sol nipón mientras hablaban de soluciones para el hambre en el mundo, que recordé su rostro amable enredándose siempre con el humo. Ella les dejó un mensaje escrito hace ya algún tiempo: 

Yo como
Tú comes
El come
Nosotros comemos
Vosotros coméis
¡Ellos no!
 

(“Niños de Somalia” de  Mujer de verso en pecho). 

Hay imágenes que no se borran a pesar del paso de los años: Koji Kabuto aterrizando en la cabeza de Mazinger Z, Willy libando con su culo gordo aposentado mientras aguantaba la chapa de Maya que no comprendía lo del reposo del guerrero, el cabroncete de Zruspa malmetiendo a lo largo de todas las edades del hombre, Marco y Amedio (tanto monta, monta tanto), la guitarra de Torrebruno que no conseguía tapar su sonrisa, Vicky el Vikingo y la panda de zulúes con los que navegaba, y la sempiterna Gloria Fuertes rimando sencillo con esa voz como nacida en un pozo sin fondo.

 

 

Gloria, pastora de palabras ovejas nos acercaba a su rebaño, nos dejaba jugar con ellas, rimaba luna con aceituna y plata con gata, y todos entendíamos las entrañas del juego. 

Nos quedamos varados allí en sus poemas infantiles, desconociéndola en gran medida, a ella que inmolaba su talento para que nosotros la pudiésemos entender: 

Escribo como escribo,
a veces deliberadamente mal,
para que os llegue bien.
 

(De Historia de Gloria) 

Escribo sin modelo
a lo que salga,
escribo de memoria
         de repente,
escribo sobre mí,
         sobre la gente,
como un trágico juego
sin cartas solitario,
barajo los colores,
         los amores,
las urbanas personas
las violentas palabras
y en vez de echarme al odio
o a la calle,
escribo a lo que salga.
 

(“Escribo” de Historia de Gloria). 

Detrás de la Gloria que conocimos, la que guió nuestros primeros pasos en las palabras como una abuela generosa atendiendo a sus retoños, se escondía una poetisa extraordinaria, una voz profunda y descarnada, un alma que se desnudaba en cada verso (para muestra un botón): 

Nací para poeta o para muerto 

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
-supervivo de todos los naufragios-,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.
 

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
-hacer reír a los clientes desahuciados-,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.
 

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
-no ser apenas nada en el tablado-,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.
 

¡Qué barullo en la herida! 

¡Qué barullo en la herida!…
¡Qué suerte si esto que siento fuera sed
y se me quitara bebiendo un vaso de agua!
Es entonces cuando llueve tristeza
para ahogar en mi boca
la palabra imposible.
Intento gritar,
y sólo consigo un cobarde silencio.

Una tarde al llegar a casa
me encontré con la sorpresa de quererte,
fue una bomba en mis manos.

Y yo, por si te hiere,
esperando a que explote estando sola
aunque me parta el pecho la locura.  

Cuestiones fúnebres 

¿Quién regará mis huesos con su llanto?
¿Quién tocará mi pelo, seco y rubio?
¿Quién irá a ver caer las paletadas
sobre mi caja de tercera?
¿Quién de vosotros cantará mis líneas?
¿Quién por la noche me arderá una vela?
Quién pudiera saber con adelanto,
quién coserá mis senos entre tanto.
 

Me parece increíble que una imagen tan patética como la de la comilona de los del G-8 me hiciese recordar a Gloria Fuertes. El cerebro es un interno extraño, un inquilino que no paga mensualidad pero que hace reformas en la casa sin nuestro consentimiento. Qué extraños resortes lo conforman se escapan a nuestras entendederas (por muchos ramonescajales y severosochoas que haya, niños gigantes deshaciendo el mecano para intentar volver a montarlo).  

Parafraseando a Cortázar que proclamaba refiriéndose a la Jackson, “Queremos tanto a Glenda”, yo proclamo, porque me gusta pagar mis deudas: “Queremos tanto a Gloria”. 

A vuelapluma escribo este poema-relámpago al estilo de Gloria (¡Qué ella me perdone!), que no quiere ser más que un beso en su mejilla allá donde se encuentre.  

Un balido para Gloria 

Recuerdo a una mujer risueña

que hacía rimas sencillas

para llenar el silencio

de nuestras orejillas.

 

Una mujer enorme,

de voz aguardientosa,

que alegraba nuestros días

cual perfume de una rosa.

 

Su nombre sonaba a gloria

y sobre sus hombros, fuertes,

descansaban las sonrisas

de los niños aún sin dientes.

 

No veo en la tele hoy en día

nada que se le parezca,

¡que alguien plante su semilla

y consiga que algo crezca!

 

Para más información sobre la figura de Gloria Fuertes:http://www.gloriafuertes.org/ 

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Cometas en el cielo

Julio 8, 2008

Alejandro y María contrajeron una de las enfermedades endémicas buenas de Cataluña: la de regalar el día de San Jordi un libro y una rosa. En nuestro viaje conjunto a La Palma nos contagiaron regalándonos un libro: “Cometas en el cielo”, primera novela de Khaled Hosseini, médico afgano exiliado en Estados Unidos tras la llegada de los talibanes al poder.

“Me convertí en lo que hoy soy a los doce años. Era un frío y encapotado día de invierno de 1975. recuerdo el momento exacto: estaba agazapado detrás de una pared de adobe desmoronada, observando a hurtadillas el callejón próximo al riachuelo helado.  De eso hace muchos años, pero con el tiempo he descubierto que lo que dicen del pasado, que es posible enterrarlo, no es cierto. Porque el pasado se abre paso a zarpazos.”

Tras este inicio poderoso se desarrolla una historia de amistad, de traición, de tradiciones malditas y escapatorias posibles, de pérdidas y encuentros, de pecados y penitencias, narrada con un ritmo vivo y ágil que nos permite por un lado disfrutar con una buena trama y, por otro, entender un poquito más el batiburrillo de intereses disfrazados de ideología o religión que están enterrando a algunas de las culturas milenarias del mundo en una nueva edad de piedra.

Creo que es un libro para disfrutar en el verano, si es que algún día llega.

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Verde, que te quiero verde…

Julio 7, 2008
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Hoy el día nos regala una sonrisa de vida

Julio 3, 2008
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La resaca del triunfo

Julio 2, 2008
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¿En qué piensan las mujeres? (y algunos hombres también…)

Julio 1, 2008

En plantígrados lanzados a la carrera por el cauce de un río.